LA HISTORIA DE LAS BANDERAS NACIONALES

Las banderas nacionales llevan los colores, escudos y símbolos del estado que representan.

Las banderas existieron desde la época más remota, siendo la respresentación más antigua que conocemos la que aparece en unas cerámicas pintadas que se encontraron en tumbas egipcias pertenecientes a los primeros tiempos de ese antiguo país. También tenemos noticia de las bandera utilizadas por las doce tribus de Israel.

Rómulo y Remo alimentados por la lobaEn Grecia se usaron banderas desde los tiempos de Licurgo; cada cidudad-estado tenía la suya, en la que aparecían los distintos animales simbólicos. Los romanos también introdujeron en sus banderas la representación de diversos animales, como la legendaria loba, el mitólógico minotaruro, etc. El águila, que con el tiempo había de convertirse en la característica representación de las glorias imperiales, apareció en la época de Mario. Famosísimo es el lábaro romano, que se usaba ya en la época de César, pero que adquirió su mayor importancia y trascendencia cuando Constantino, obedeciendo (según piadosa leyenda) a un mandato divino, mandó poner en él la cruz de los cristianos y el anagrama de Cristo.

En la Edad Media, la bandera aparece ya, en su acepción de símbolo, en un aspecto mucho más concreto. Sin embargo, por no haberse formado aún las definitivas nacionalidades, no tiene todavía una forma permanente, sino que cambia y se modifica con las conquistas, las herencias, los entronques matrimoniales, etc.

Con la Edad Moderna se llega ya a la constitución definitiva de las naciones europeas, pero como en aquel tiempo el rey y el estado eran aún una misma cosa, las banderas no pueden ser consideradas todavía como verdaderamente nacionales, sino más bien como representativas de las distintas casas reales. Estas banderas, que podríamos llamar dinásticas, si bien se mantuvieron durante varios siglos, dieron paso, al correr de los tiempos y de las evoluciones políticas, a los colores propiamente nacionales; las armas y los blasones reales fueron reduciéndose de tamaño hasta ocupar tan sólo el centro o un lugar destacado de las nuevas banderas representativas de la nación.